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Horizontes

Exposición pictórica

Obra de Rubén Amaro

La pintura de Rubén Amaro  entre pudor y dulzura

Rubén Amaro se acerca a la pintura con una actitud que de alguna manera coincide con un sentimiento de pudor, como si él tuviese miedo de dañarla, pero no en el sentido de estropearla, sino de provocarle un dolor.

Creo que tal postura emocional es una forma de respeto que él tiene no sólo  con la pintura como arte, sino sobre todo con lo que pinta. Sus caballos, sus flores, sus mujeres son el mundo hacia el cual se dirige su amor, son sus amores y sus interlocutores vitales; su importancia es tal que parece que por cada pincelada con la que perfila el caballo que lo mira o los colores de las flores o la gracia femenina, él se pare y les pregunte a cada objeto que si está conforme con la manera con la cual se le acercó y si así como lo hizo lo autoriza   a entregarlo al mundo.

Me parece que es este el tópos, el lugar  que marca el espacio en el cual  se define la pintura de Rubén Amaro y su arte. Sus mujeres miran sin desafiar y como escondiendo sus ojos, porque el artista lo que quiere es resaltar la belleza de la dulzura, y nunca se permitiría  pensar o  hacer pensar que él mira a una mujer con otros ojos; si lo hiciera le parecería faltarle de respeto. Y si   sus caballos son mansos, no es porque ellos no pueden ser de otra manera, sino porque es así que él se relaciona con los caballos, es como si fuesen sus compañeros de viaje en la vida.

    Me parece muy interesante esta manera de relacionarse con el mundo y creo que Rubén logra decirlo con la verdad delicada de su pintura y las muchas figuras de su arte.

Franco Avicolli
Venezia, Julio de 2017